La era de John Moores deja un gran legado.

A pesar del aplazamiento en la aprobación de la compra de los Padres, la era de Moores toca a su fin.

Por Miguel Ángel Martín / Especial para PadresBeisbol.com

Tras las recientes reuniones de propietarios de las Grandes ligas, los Padres confiaban en que se finalizase el traspaso definitivo de poderes entre Jeff Moorad y John Moores, completando la venta del equipo. Hacía falta el 75 por ciento de los votos de los propietarios y finalmente eso no se produjo, con el fin de aclarar aspectos económicos relativos a la operación, dilatando un poco más una situación que se había acelerado en los últimos tiempos, a pesar de tener hasta el 2014 para que se finalizase el proceso.

Según informó el comisionado de las Grandes Ligas, Bud Selig, se tratará de agilizar el proceso al máximo y tal vez no se tenga que esperar a la siguiente reunión, que tendrá lugar en Mayo, para que se alcance el consenso que ahora no se ha podido lograr. Ya pasó lo mismo en el proceso de venta de los Astros de Houston, que tuvieron que esperar algunos meses para poder efectuarse, por lo que este retraso tan solo supone una demora en el tiempo de ago que ya está prácticamente consumado. Lo más importante a tener en cuenta tras esto, es que la conclusión del acuerdo televisivo con FOX, no se verá afectado por estos últimos acontecimientos.

Pero como he mencionado, con retraso o no, el proceso de finalización de la venta es un hecho que en breve será una realidad. No es más que cuestión de tiempo, muy poco tiempo, y con ello llegará de manera definitiva, el fin de la era de John Moores en los Padres. Una era que toca a su fin, dejando momentos inolvidables para la historia de nuestro equipo, con éxitos sobre el terreno de juego (cuatro títulos divisionales y un viaje a las Series Mundiales) y en los despachos (logrando para la ciudad un nuevo estadio que es una verdadera joya), lo que ha ayudado a asegurar un mejor futuro para los Padres en San Diego.

Una era que comenzaba a finales del año 1994 cuando adquiría el equipo de Tom Werner, que poseía a los Padres desde 1990, junto con otros 14 inversores del Sur de California, tras haber pagado 75 millones de dólares a Joan Kroc. Pero el 22 de diciembre de 1994 Moores se hacía con el 80 por ciento del equipo por 80 millones de dólares, iniciando uno de los momentos más mágicos de la historia de la franquicia.

No fue en el primer año de la era de Moores, la temporada en la que los Padres destaparían el tarro de las esencias, ya que terminaríamos con un balance de 70-74. Pero sería el punto de partida de una era que no tardaría en vivir su primera gran alegría.

En el 1996, los Padres alcanzarían la postemporada, por segundo año en nuestra historia, terminando con un balance de 91-71 lo que nos daría el segundo título divisional para la franquicia. El balance logrado sería el segundo mejor de los Padres, hasta ese momento, a tan solo una victoria de las 92 logradas en el 1984 y hasta la fecha tan solo ha sido superado por las 98 victorias de 1998. Sin embargo la alegría del segundo título divisional, no se vería correspondido con un éxito más en la postemporada. Los Cardenales de Saint Louis nos eliminaron por la vía rápida, sin dejar opción a la esperanza, para unos Padres que vieron como el sueño de volver a las Series Mundiales tendría que esperar para otro año. Pero no tendríamos que esperar demasiado para lograr esa satisfacción.

Fue en el 1998 cuando los Padres y Moores lograrían vivir su mejor momento, al lograr terminar el año con 98 victorias (la mejor marca de los Padres hasta el momento), logrando el tercer título divisional y nuestra tercera participación en la postemporal. Una postemporada que en nada se parecería a lo vivido dos años antes y que recordaría lo vivido en San Diego en el 1984.

Primero fueron los Houston Astros, que cayeron 3-1 en la serie divisional y tras ellos fueron los Bravos de Atlanta, quienes mordieron el polvo por 4-2, dejando vía libre al segundo viaje de San Diego a unas Series Mundiales. Allí nos esperaban unos inmensos Yankees que no permitieron que el gran sueño de ser campeones del mundo se hiciese realidad. Moores no pudo traer a San Diego el primer titulo mundial del deporte profesional, pero el año fue sensacional y recordado como el mejor año de los vividos por nuestra franquicia hasta la fecha. Ha sido la única vez en nuestra historia que hemos logrado vencer dos series en una misma postemporada.

Moores y sus Padres no volverían a vivir momentos tan especiales para nuestra historia, hasta mediados de la siguiente década, la primera del nuevo siglo. Momentos inolvidables, que volvieron en el 2004, cuando nos trasladamos del Qualcomm Stadium al PETCO Park, pasando de jugar en Mission Valley, a jugar en el centro, cerca de Gaslamp District. Una auténtica joya, que tanto revitalizó el centro de la ciudad y que catapultó a los Padres al siglo XXI. Revestida en piedra arenisca india y estuco, su acero expuesto está pintado de blanco y los más de 42.000 asientos fijos son de color azul oscuro. El diseño pretende evocar el color arena de los acantilados y las playas de San Diego, el azul del océano, y las blancas velas de los barcos en la bahía cercana, como se describe en muchas citas.

A diferencia de muchos estadios al aire libre, en el que el bateador se enfrenta al noreste, en el PETCO Park, el bateador se enfrenta con rumbo norte, y los aficionados en las gradas, tienen una vista de la bahía de San Diego y a la ciudad de San Diego más allá de los asientos del jardín izquierdo, así como una visión de Balboa Park. Una maravilla que el esfuerzo de Moores brindó a los Padres, asegurando un futuro mejor para nuestra franquicia. Una joya adornada a la perfección con el Park at the Park, la estatua de Tony Gwynn (que tantas alegrías dio a los Padres en el período en el que Moores estuvo al frente de la nave de San Diego) y el edificio del Western Metal Supply Co., de más de cien años y estructura de ladrillo antiguo, el cual estaba previsto que se demoliera, para dar paso al PETCO Park, pero que afortunadamente se salvó y se incorporó en el diseño del estadio.

Pero si el 2004 supuso un año grandioso, por el legado que se le brindaba a los Padres (PETCO Park), Moores pudo disfrutar en el 2005 de un nuevo éxito en lo deportivo, cuando los Padres terminaron como campeones divisionales, con tan sólo un balance de 82-80. Tres equipos de la división este terminaron con mejores registros que San Diego, pero no pudieron clasificarse para la postemporada. Algo insólito, pero la competida división Oeste brindó la gloria a San Diego y con ella una nueva postemporada en la que Saint Louis, volvería a ser el verdugo de los Padres, barriéndonos una vez más.

En el 2006, los Padres comenzaron el mes de abril con un récord de 9-15 y se quedaron atrapados en el sótano del Oeste de la Liga. Sin embargo, después de ir 19-10 en mayo, se pusieron en primer lugar en la división. Trevor Hoffman fue elegido para el 2006 MLB All-Star Game en Pittsburgh, Pennsylvania, y lanzó una entrada en ese partido. El 24 de septiembre (el último partido de la temporada regular), Hoffman se convirtió en el líder de todos los tiempos de Saves al lograr el número 479 de su carrera, rompiendo el récord de Lee Smith 478 (su record al final de la temporada fue de 482). El 30 de septiembre de 2006, los Padres aseguraron los playoffs con una victoria 3-1 sobre los Diamondbacks de Arizona. En el juego final de la temporada, los Padres derrotaron a los Diamondbacks de 7-6 para ganar consecutivamente el título de división por primera vez en nuestra historia (primera y única hasta el momento). Pero los St. Louis Cardinals volvieron a batir a los Padres, en los playoffs divisionales, impidiendo a Moores convertirse en el primer dueño de los Padres en llevar al equipo a más de una Serie Mundial.

Tras eso, el 2007 nos trajo una temporada llena de ilusiones, con un equipo de lanzadores que podríamos habernos llevado muy lejos en la postemporada, pero fallamos en el momento clave. En el último fin de semana de competición perdimos en los partidos clave y la ventaja que llevábamos a Colorado, y en el partido de desempate, caímos en entradas extra, cuando teníamos dos carreras de ventaja.

Esto fue el principio del fin de la era de Moores en San Diego. Una era plagada de grandes recuerdos y de grandes éxitos para nuestra historia. Una era a la que le queda muy poco para ser del todo un recuerdo para los Padres y dar paso a una nueva era, la de Jeff Moorad, que ya estamos viviendo y que se presenta ilusionante de cara al futuro. Esperemos que sea aun más exitosa que la que vivió Moores al frente de los Padres.

Hasta muy pronto desde España.

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